Qué es la ReNaCER

Nuestra Red Nacional de Comunidades Envenenadas en Resistencia (RENACER) está integrada por comunidades, colectivos, organizaciones y académicos comprometidos que, en muchos casos desde hace décadas, y con especial severidad durante los gobiernos neoliberales, hemos atestiguado el deterioro progresivo de nuestro entorno y de la salud de nuestras familias y comunidades, lo cual nos motivó a organizarnos, en un inicio localmente, para resolver estos y otros problemas. En nuestras regiones proliferan enfermedades crónico-degenerativas provocadas por nuestra exposición constante a sustancias tóxicas y peligrosas, cuya acumulación en nuestros territorios y cuerpos ha sido provocada por tecnologías nocivas aplicadas en la industria y la agroindustria, por la concentración urbana y por actividades extractivas, lo que ha sido permitido, tolerado y hasta encubierto por autoridades de todos los signos políticos. 

Denunciamos que la destrucción de nuestro ambiente es sinónimo de la destrucción de nuestra salud, y que esto se integra con otras formas de destrucción de nuestro tejido comunitario, profundizándolo. Nuestra situación es producto de una larga historia de despojos, de introducción de industrias, minas, cultivos transgénicos, etc., que trajeron consigo el empleo de sustancias y la generación de residuos de enorme toxicidad, cuya concentración en las tierras, las aguas, los suelos y nuestros organismos escalaron y se masificaron durante las últimas cuatro décadas de gobiernos neoliberales, bajo el relato de que México necesitaba atraer inversión extranjera, facilitando para ello el acceso a nuestra fuerza de trabajo malbaratada y desregulando el uso de la naturaleza y el espacio de nuestro país para su abuso sistemático empresarial. En el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, una sofisticada ingeniería jurídico-institucional desmanteló, distorsionó y desvirtuó todas y cada una de las capacidades gubernamentales de inspección, vigilancia, análisis y sanción frente al despojo y destrucción de nuestro medio ambiente y nuestra salud, propiciando la introducción de inversiones extranjeras, principalmente estadounidenses y secundariamente europeas, que condujeron a la degradación de las zonas aledañas a las industrias extractivas mineras y petroleras, el crecimiento exponencial de los accidentes industriales, los derrames y fugas de sustancias, el ingreso y empleo irrestricto de plaguicidas altamente peligrosos (prohibidos en otros países) en cultivos de cereales, hortalizas, frutas y verduras, y de insumos químico-industriales en las manufacturas, la dirección de nuestra cultura alimenticia hacia productos altamente procesados, la contaminación de nuestras plantas nativas con semillas transgénicas, la instalación de megagranjas industriales de aves, puercos y reses expulsadas de Estados Unidos, la propagación del monocultivo en plantaciones de aguacates, berries y otros cultivos de exportación, cientos de corredores y parques industriales para la fabricación de autos, componentes aeronáuticos y electroinformáticos, productos químicos, plásticos, productos semielaborados para su posterior ensamblado en las fábricas globales, las montañas de residuos asociados al despilfarro del consumo urbano, cada vez menos reciclables... Como nota común en todas estas actividades: la exposición en el trabajo y el vertido, emisión y desecho impune en el ambiente de todo tipo de sustancias tóxicas, cancerígenas, persistentes, radiactivas, disruptoras endócrinas y/o reprotóxicas, entre otras características de extremo daño.

Con todo ello, es fácil entender por qué en nuestro país han proliferado las que denominamos regiones y sitios de emergencia sanitaria y ambiental, pues, desgraciadamente, en nuestras comunidades abundan ya las personas severamente enfermas y fallecidas por todo tipo de cánceres, incluyendo las leucemias infantiles; por insuficiencia renal crónica; por malformaciones congénitas; por enfermedades autoinmunes; por anemia; por púrpura trombocitopénica, entre muchas otras enfermedades crónico-degenerativas y raras.

A menudo, también, somos despojados de nuestras tierras, costas, aguas y aires limpios, mediante decisiones gubernamentales que las ofrecen como sumideros o como espacios y ecosistemas destruibles.

El arribo de la "4T" y el paso del TLCAN al TMEC no han significado hasta ahora un freno, mucho menos una reversión del problema. Sostenemos que políticas sociales, como por ejemplo el aumento de los salarios, justas y bienvenidas para el pueblo en general, no tienen sentido cuando ese ingreso se drena en la atención médica para una enfermedad que degenera la calidad de vida y termina con ella tarde o temprano. Tampoco soluciona el problema, ya tan solo por razones técnicas, la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales. Mientras las autoridades se pierden en su descoordinación inducida y la fragmentación de sus competencias para omitir el cumplimiento de sus obligaciones, nosotras y nosotros sufrimos la violación de todos los derechos que nos otorga nuestra Constitución: a la salud, a un lugar de trabajo y a un ambiente sanos, a la biodiversidad, al agua, a la alimentación, a la cultura, a vivienda y hábitat dignos, sustentables y en paz, así como a la información verdadera (colectiva y científica), a la justicia, a la petición y todos los derechos asociados a aquellos: nos han despojado hasta del derecho a morir tranquila y dignamente.

Por todo ello, RENACER pretende generar una fuerza social amplia, diversa y heterogénea, pero unificada y orientada al bien común, para que en nuestro país estos problemas dejen de minimizarse y banalizarse, y se empiece a poner un verdadero alto a la devastación socio-ambiental que nos está matando.

Si bien reconocemos la voluntad política, antes inexistente, de mejorar los ingresos y el empleo de toda la población, de reconstruir la vida campesina y la educación, de reforestar una parte significativa del país y de incluso reconocer que es necesario atender la contaminación en los ríos Lerma-Santiago, Tula y Atoyac, también manifestamos nuestra preocupación e indignación por la aplicación de planes gubernamentales que promueven la construcción de más parques industriales a propósito del nearshoring y la minería a cielo abierto, sin haber reconocido antes el daño irreversible que ha sufrido históricamente el pueblo y el territorio nacional, sin haber diagnosticado y corregido el régimen de impunidad del que gozan los grandes capitales, sin resarcir la destrucción institucional y jurídica que apuntaló esas pérdidas, sin que las empresas extranjeras y nacionales, privadas y públicas se hayan responsabilizado mínimamente de todas las destrucciones generadas, y sin que se reconozca la importancia estratégica de la participación organizada de las comunidades y pueblos en la realización de diagnósticos regionales y en la búsqueda de soluciones. 

En cada una de las comunidades y regiones que sostienen RENACER seguiremos en pie de lucha política y mediática, y en la visibilización de esta injusticia ambiental para exigir una situación segura que garantice a nuestra población una vida saludable y de calidad con garantías de no repetición de los procesos envenenantes en nuestros trabajos y nuestro ambiente.